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Dicen los que entienden de esto, que uno de los retos más importantes que debió superar un sistema operativo contrastado y de éxito probado como Microsoft Windows hasta Windows Vista, fué, precisamente, el de la compatibilidad hacia atrás. Seguramente, la cantidad de código que el sistema operativo debió mantener, versión a versión, para que aplicaciones diseñadas hace 15 o 20 años, para arquitecturas de hardware totalmente diferentes a las actuales, siguieran funcionando con normalidad décadas después y, aun así, en cada nueva versión incorporar todas las novedades tecnológicas que hicieron de Microsoft Windows un sistema operativo moderno y puntero tecnológicamente, fué, sin duda, una onerosa hipoteca que, desde un punto de vista técnico, la compañía de Redmon tuvó que pagar. Pero, es rigurosamente cierto que, sin ella, difícilmente el sistema operativo habría alcanzado las cotas de penetración en el mercado que ostenta actualmente.

Algo parecido pasa o pasará también en el entorno de ciudades inteligentes. Sin duda el concepto Smart City es un término joven pero no así la problemática que se intenta abordar desde esta perspectiva. La tozuda realidad es que, más allá del ámbito de innovación que supone el concepto, las ciudades tienen ya una dilatada experiencia en la solución de problemas específicos que, aunque su solución hoy pueda abordarse des de la perspectiva de Smart City, hace ya mucho tiempo que debieron solventarse con la tecnología que en ese momento estaba vigente. El resultado de esta evolución nos deja un escenario en el que, cualquier innovación de nuevo cuño en este sentido, ha de coexistir necesariamente con soluciones pre-existentes que no necesariamente fueron concebidas para la integración o el uso de tecnologías actuales que, en su momento, solo eran una promesa de incierto futuro.

En definitiva, cualquier planteamiento realista de despliegue de Smart City debe contemplar, sine qua non, su coexistencia e integración con otras soluciones, algunas de ellas monolíticas, pre-smart. En este sentido, el concepto evolución parece mucho más razonable y ajustado para describir el viaje hacia la ciudad inteligente, que el concepto revolución. En algunos casos, sólo un crecimiento vegetativo hacia un entorno de ciudad inteligente, o un conjunto de intervenciones casi quirúrgicas, harán posible una transición natural y factible, tanto desde un punto de vista tecnológico, como financiero.

Y, sí, creemos que desde NearbySensor también tenemos algo que aportar en este sentido. La concepción abierta de nuestras soluciones, su vocación para la integración, para el tratamiento de la diversidad tecnológica y su diseño inclusivo, facilita el desarrollo de soluciones en un entorno mixto dónde coexistan sin problemas, soluciones de nuevo cuño, con soluciones pre-existente. Pero no de manera aislada e independiente, si no, según el paradigma SmartCity, en un marco de integración en inter-operatividad completo.